Enfoque

Mi primer interés a la hora de buscar formación fue el de profundizar en la comprensión de los lenguajes y dinámicas del inconsciente, así que decidí estudiar un Máster en Psicoterapia Analítica Junguiana en la Universitat Ramón Llull, a la vez que emprendía un análisis personal y un viaje a través de diferentes técnicas de aproximación al inconsciente. Mi formación continuó enriqueciéndose con ingredientes como el uso de los estados alterados de consciencia en psicoterapia (Grof, Yensen, Roquet…), la Logoterapia de Victor Frankl, la Psicosíntesis de Assaglioli, las Constelaciones Familiares de Hellinger, el Análisis Transaccional de Berne, etc.  Siempre tratando de integrar todas estas aportaciones dentro de un marco amplio y sistémico.

He realizado el Máster en Psicoterapia Humanista Integrativa en el Instituto Galene, en Madrid y, posteriormente, el Máster en Psicoterapia Integradora Humanista del Instituto Erich Fromm de Barcelona, -una formación muy rica en diferentes técnicas de la corriente humanista, como son la Gestalt, el Análisis Transaccional o el Focusing de Gendlin-.

La psicología positiva (no confundir con la corriente del “pensamiento positivo”, más propia de best-sellers de autoayuda) es probablemente la piedra angular de mi trabajo. La psicología positiva tiene como objetivo mejorar la calidad de vida y prevenir la aparición de trastornos mentales y patologías. La concepción clásica en psicología se ha venido focalizando en lo patológico, centrándose en corregir defectos y reparar aquello que ya se ha roto. Seligman y Csikszentmihalyi han llegado a calificarla como una “ciencia de la victimología” ya que  concibe al ser humano como un sujeto pasivo, que reacciona ante los estímulos del ambiente. En los últimos años se han alzado voces que, retomando las ideas de la psicología humanista acerca de la necesidad del estudio de la “parte positiva” de la existencia humana, han aportado un sólido soporte empírico y científico a esta parte descuidada de la psicología. De este modo, la psicología positiva insiste en la construcción de competencias y en la prevención.

De hecho, los mayores progresos en prevención han venido de perspectivas centradas en la construcción sistemática de competencias (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000). En este sentido, se ha demostrado que existen fortalezas humanas que actúan como amortiguadoras contra el trastorno mental y parece existir suficiente evidencia empírica para afirmar que determinadas características positivas y fortalezas humanas, como el optimismo, la esperanza, la perseverancia o el valor, entre otras, actúan como barreras contra dichos trastornos.

En esta búsqueda de lo mejor del ser humano, de las cosas buenas que hacen que florezca su potencial, la psicología positiva no confía en sueños dorados, utopías, espejismos, fe, ni auto-engaño, sino que adopta el método de la psicología científica, ampliando el campo tradicional de actuación y distanciándose de dudosos métodos de autoayuda o filosofías espirituales que tanto proliferan en nuestros días.